Cómo convertir en enemigos a tu socio, empleados, familia y amigos (y como evitarlo)

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Cómo convertir en enemigos a tu socio, empleados, familia y amigos (y como evitarlo)

Emprender y cambiar nuestro estilo de vida implica revisar la forma en que nos relacionamos con otros, tanto desconocidos como personas íntimas. Lamentablemente, en lo que hace a tratar con los otros generalmente escapamos al sentido común y somos muy egoístas lo que puede deterior nuestras relaciones. Cómo no puedo decidir que es mejor para nadie, en este artículo te voy a presentar cómo convertir en enemigos a tu socio, empleados, familia y amigos (Pista: también cómo evitarlo)

Es simple…pero no fácil.

En Superhábitos preferimos las cosas simples. Siempre.

Por suerte, las herramientas más poderosas suelen ser realmente simples. Las ideas más profundas muchas veces forman parte del sentido común o lo que (luego de que nos contaron) es bastante obvio.

Existe, sin embargo, una trampa: en su charla de TEDx Mati propone que emprender es simple, pero no fácil. De esta forma, la mayoría de las herramientas que usamos son simples de usar y entender pero requieren de compromiso con la ejecución, carácter y voluntad. Lo que no es fácil.

Inspirado por un gran libro que he recomendado en post como este y este, les dejo algunas ideas simples e incluso obvias que he puesto en práctica durante ya un tiempo con resultados asombrosos.

Si tuviéramos que resumir todo este artículo en una sola oración podría ser “mira las cosas desde el punto de vista de la otra persona y demostrarles aprecio sincero, o hace todo lo contrario”. El secreto para conseguir una gran cantidad de enemigos es no pensar en absoluto acerca de los sentimientos, interés y deseos del otro. A continuación comparto 4 prácticas claves para ganar enemigos (y amigos).

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1. “Critica todo lo que puedas, es bueno ser sincero y ayuda a los demás a aprender.”

Es común escuchar a las personas decir “yo digo las cosas de frente, por eso tengo pocos amigos”. Es muy probable que no tengas amigos porque das opiniones cuando nadie te las pide y porque no estas entendiendo cómo funciona la mente humana. El secreto de este punto es que en la mayor parte de los casos las personas creen que tienen razón y pueden encontrar razonamientos para justificar aquello que hicieron.

Refregarles en la cara a los demás que están equivocados sólo va a lograr que se pongan a la defensiva y bloqueen el razonamiento que podría llevarlos a comprender por qué actuaron mal. Cuando le decimos a una persona que esta fundamentalmente equivocada o que es culpable, estamos entrando en discusión directa con su ego. Nos estamos metiendo con algo muy íntimo de la persona, su propio sentido de valía. Por eso, es muy lógico que ellas no quieran escuchar lo que queremos decir si decidimos atacarlos frontalmente.

Es más fácil dejarse llevar por nuestro enojo pero, incluso si tenemos razón, no es una buena idea. Todos nos equivocamos constantemente, es mucho más simple preguntarse por qué esta persona actuó como actuó y encarar la situación de un modo más tranquilo. La próxima vez que sientas el deseo de condenar y reprender a alguien por sus errores, recorda que sólo vas a lograr ponerlo a la defensiva y que seguramente lo estás haciendo para satisfacer tu molestia únicamente. No es cuestión de no decir nada, es tomarse un segundo y encarar de otra forma el problema.

2. “Hay que ser frío, si alguien hace un buen trabajo hay que evitar ‘que se le suban los humos’ para que siga trabajando bien.”

Nos encanta decir lo que está mal o lo que hay que cambiar, pero muy pocas veces nos sentamos a charlar acerca de todas aquellas cosas que las personas hacen bien. Si vamos a comer y la comida es mala, sin lugar a dudas vamos a ir rápidamente a presentar nuestras quejas al encargado. Pero si nuestra comida es muy buena, nos vamos a ir contentos a casa, sin decir nada.

Uno de los principales motores que motivan a las personas es el sentirse apreciado e importante. Si logramos que quienes están a nuestro alrededor no sólo vamos a conseguir que trabajan mejor, sino que vamos a hacerlos más felices. ¿Cómo te sentiste la última vez que alguien te felicitó por tu trabajo, alguna actitud o incluso tu aspecto? ¿Cuándo fue la última vez que felicitaste a tu pareja por algo que hizo (por más cotidiano que sea)?

No se trata simplemente de decir cosas que sabemos que van a quedar bien (adular). Adular implica pensar que somos más inteligentes que los demás y que no van a darse cuenta de lo que hacemos. Se puede mentir con las palabras, pero es muy difícil mentir con nuestra actitud y comportamientos.

El secreto está en decir cosas que pensamos sinceramente y que realmente creemos que merecen ser reconocidas ¿Cuál es el beneficio? Principalmente hacer que las personas sean más felices. Lo secundario es que las personas van a disfrutar más de estar con nosotros y van a estar más predispuestos a ayudarnos.

La semana pasada tuve la oportunidad de aplicar estos principios. Luego de finalizar una investigación le escribí un mail a un emprendedor que me ofreció su tiempo para charlar, decía así:

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¿Cuál creen que fue la respuesta? ¿Mejoró mi relación con él? Simplemente le hice saber algo que pensaba. Hice lo mismo con dos personas más que me ayudaron a conseguir información. Les regalé una pequeña satisfacción a todos y nuestra relación mejoró a futuro. Creamos un mundo más feliz.

3. “Nunca admitas tus equivocaciones, eso es peligro y muestra debilidad”

Todavía recuerdo a un amigo que cuando éramos chicos siempre me decía “nega todo. Si te dicen algo, siempre nega todo”. Claramente no hacíamos cosas muy buenas (ni tan malas). La mentira y el tratar de esquivar los problemas cuando nos equivocamos parece una respuesta muy natural e incluso inteligente (dejando la moral de lado). Supongamos que cometimos un error en el trabajo, nosotros sabemos positivamente que fue nuestra culpa. Si una mentira “sale bien” podemos evitar el castigo o el enojo de quién tiene autoridad sobre nosotros. Podemos arreglar un error sin hacer nada más que quedarnos callados o decir algunas palabras ¿Mágico no?

El problema es que eso no es realista (ni correcto). Normalmente las mentiras son evidentes y tenemos que enfrentar las acusaciones de nuestros jefes ¿Qué hacemos entonces? Intentar justificarnos, demostrar por qué nosotros actuamos como actuamos y por qué nuestro jefe/espeso/a/socio está equivocado al reprendernos.

A esta altura lo anterior debería hacer un poco de ruido ¿Qué va a hacer nuestro jefe cuando le comentemos que no tiene razón? Claramente empeñarse en sus argumentos. Generando resistencia en el diálogo no vamos a lograr más que empeorar la situación y cerrar a los demás a nuestras ideas.

En este sentido, la forma en que no vas a generar enemigos es siendo muy enfático en tus errores y tu culpa. Supongamos que debías llamar a un cliente y no lo hiciste. En cuanto llegues al trabajo coméntale a tu jefe. “Ayer me olvide de contactarme con XXX, es mi culpa completamente. Lamento haberte generado esta molestia y metido en este problema. Se me ocurrió que puedo hacer esto para solucionarlo, aunque sé que todo esto fue mi culpa”. El secreto es no esquivar la culpa y ser enfático en que es nuestro error.

¿Va a estar contento tu jefe? Desde luego que no. Se va a enojar y probablemente te recrimine lo sucedido. Sin embargo, cuando uno admite sus errores ellos no pueden pasarse todo el resto del día diciendo que estuviste mal y vos dándoles la razón. Cuando las personas no están a la defensiva y se sienten importantes se dan el lugar de ser magnánimas y generosas.

De esta forma él va a tener una mayor estimo y confianza en vos, además de que van a poder pasar directamente a la solución para seguir adelante.

*Nota al margen: Si tu jefe es un capo de la mafia que castiga los errores con la muerte, ignora este punto y nega todo.

4.”Habla mucho de vos mismo. Sos interesante y los demás tienen muchas ganas de escuchar lo que decís.

No hay nada más precioso para una persona que ella misma. En la gran mayoría de los casos a una persona le importa más tener un intenso dolor en los dientes que si mueren 150 personas en Liberia. En ese sentido, es lógico interpretar cuál es la parte favorita de la conversación de la gran mayor parte de las personas: cuando ellas hablan. También es bastante lógico que las conversaciones más divertidas para ellos son aquellas en que hablan sobre sus principales intereses.

Puede parecer bastante obvio que sos más inteligente que los demás (además de interesante) y que entonces ¿Para qué perder tiempo escuchando lo que tienen para decir? Pero recorda que lo más probable es que esa otra persona posee alguno conocimiento que pueda ser de importancia o simplemente sumarnos algo. La persona que quiere tomar el liderazgo y empezar a ponerse en el lugar del otro. Escuchar activamente es una de las cosas más halagadoras que existen.

No sé trata de no hablar nunca más o simplemente “dejar hablar al otro”, apagar los oídos y adularlos con el silencio. Se trata de concentrarnos activamente en lo que nuestro interlocutor está intentando comunicarnos. Ser el oyente implica mucho más esfuerzo y madurez que simplemente hablar, pero asegura mucho mejores resultados.

El mundo necesita más conversaciones y menos monólogos en alternados.

 

Estos 4 puntos son cosas que he puesto en práctica en los últimos años y que sistemáticamente me han dado resultados. Son bastante simples y, cómo dije se desprenden del libro titulado “Cómo hacer amigos e influenciar en las personas.” Como pueden observar, después de leer el artículo, los consejos no son maquiavélicos en absoluto.

Se trata de cosas simples y sinceras. Tan simples que en el libro de Dale Carnegie proponen que existe un ser que no necesita este tipo de consejos y del cual podemos aprender: el perro. Si, ese que está dando vueltas por tu patio. Es probable que él sea socialmente más inteligente que vos en algunos aspectos, desde luego no en cuestiones de ética y protocolo.

La pregunta que hay que realizarse es ¿Por qué queremos tanto a nuestros perros? No es porque realicen un trabajo de manera diligente y respetemos su disciplina, sino porque ellos nos quieren. Nuestros perros se interesan por nosotros y hace que lo sepamos. Aquellos que tengan uno puede relacionarse con esto cuando llegamos a nuestros hogares nos reciben saltando, moviendo la cola y llenándonos de olor. Lo que él no está diciendo entonces es “te quiero, realmente me gusta verte y me hace feliz que estés en casa”. Es muy difícil no alegrarse cuando alguien nos trasmite eso.

Si deseamos ganar enemigos ya sabemos que hacer. Si deseamos mejorar nuestras relaciones y crear un mundo mejor, también.

¡Buena semana!

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5 comentarios en “Cómo convertir en enemigos a tu socio, empleados, familia y amigos (y como evitarlo)

  1. Hola Santiago:

    Todas las experiencias que mencionas, las he vivido y puedo dar fe que funcionan.

    Hace poco escribí un post en mi blog acerca de la asertividad, precisamente porque como tu dices, a veces somos prestos para herir a las personas que nos importan y no reparamos en el daño que ocasionamos. (Punto 1 de este post).

    Ahora, como seres humanos, no podemos quedarnos todo el día escuchando hablar al otro. Nosotros también queremos nuestro pedacito de “gloria”. Aquí radica la importancia de llevar la conversación al punto de equilibrio en que ambas partes puedan hablar de sí mismas y compartir las lecciones aprendidas. Simple sí, fácil no.

    Un post muy fresco y de gran valor para potenciar las habilidades sociales.

    Muchas gracias, Santiago.

    Saludos,

    Maryory

    1. Maryory,

      Muchas gracias por tu comentario. Estas ideas son muy simples y de sentido común pero, como vos decís, solemos romperlas sistemáticamente y sin prestar atención a las consecuencias.

      En lo que hace al equilibrio, es muy interesante lo que decís. Cuando tenía 16/17 años y leí por primera vez el libro pase a la acción automáticamente: No hablaba nada. Con el paso de las semanas me di cuenta de que no funcionaba, yo no estaba contento y las personas se sentían interrogadas.

      El equilibrio no está en el blanco o en el negro, sino en el gris. Por eso no existen leyes absolutas para eso, en este sentido requieren de reflexión. El equilibrio más interesante que encontré para este punto se relaciona con el empezar por vulnerarme brevemente (siguiendo las ideas de Brene Brown), establecer un vínculo sensible y después permitir que la conversación siga con un enfoque de estar honestamente interesado por lo que el otro dice. Lo que es claramente distinto de lo que hacia al principio: preguntar para no hablar y que el otro se sienta bien.

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